Cultivemos la reverencia desde el hogar

Así como sucede con todas las virtudes divinas, el hogar es el lugar en donde los niños aprenden día a día sobre la reverencia

“Los Santos de los Últimos Días deben ser las personas más reverentes en toda la tierra,”–dijo el Presidente Spencer W. Kimball. Entonces ¿Dónde empieza la reverencia?, y ¿Cómo podemos desarrollarla?

El hogar es la clave de la reverencia, como lo es de todas las demás virtudes divinas. El comportamiento aprendido en el mismo determina el comportamiento en las reuniones de la Iglesia.

Un niño que ha aprendido a orar en su casa, entiende que debe estar tranquilo durante las oraciones en la capilla. Del mismo modo, cuando las noches de hogar son parte de sus vidas, los niños saben que hay ocasiones especiales, no sólo en la Iglesia sino también en su casa, en donde aprendemos sobre nuestro Padre Celestial y cuando todo el mundo necesita prestar atención. No podemos esperar que las maestras de la Primaria asuman toda la responsabilidad de hacer que nuestros hijos entiendan el concepto de reverencia. Ellas son una gran ayuda para reafirmar lo aprendido en el hogar.

El presidente Marión G. Romney definió reverencia como “un profundo respeto mezclado con amor y devoción. Nuestra reverencia en la reuniones debe estar en proporción directa con nuestro amor por el Salvador… Deseamos que todos los niños sean reverentes en la casa del Señor. Pero no debemos inculcarles que solamente es estar quietos… quedarse quietos no es en sí mismo ser reverente. Por lo tanto cuando uno reconoce a la casa en dónde se reúnen como el lugar en donde vive el Señor, le amarán con todo su corazón y no será difícil para ellos demostrarle reverencia”

Algunas ideas para aprender a ser reverentes surgen como juegos en el hogar:

  • Cantar himnos de la oración: hay himnos de la Primaria a los que se les puede acompañar con movimientos para que los más pequeños aprendan cómo deben estar durante ella.
  • Hablemos como “ratoncitos”/ hormigas / el viento: mantener una conversación en susurros.
  • Movernos en “cámara lenta”: para jugar sin movimientos bruscos en el lugar y con muñecos que no hagan ruido.
  • Sin palabras: nos dirigirnos unos a otros mediante dibujos (para niños de 6 años en adelante)
  • Aprendemos la hora en que termina la reunión. El mirar el reloj y “calcular cuánto falta” sin importar que sepan o no la hora, los distrae un rato.

Establezcamos con los niños algunas pautas para la Reunión Sacramental:

  • Toda la familia se sienta junta: los más grandes en los extremos del banco o la fila de sillas.
  • Nos quedamos en el asiento, sin pedir comida, hasta que termine: la Santa Cena / el primer discurso / el segundo discurso, etc.. Llevamos alimentos que no ensucien el lugar y buscando que los paquetes no hagan ruido. Cuando los niños cumplen 8/10 años dejan de pedir comida!
  • Estamos en silencio durante la Santa Cena: al principio podemos mostrarles alguna lámina relacionada con el momento y que puede haber sido analizado en una noche de hogar. Si nos ven a nosotros en una actitud reverente, es probable que ellos adopten la misma costumbre.
  • Nos ponemos de acuerdo que ante el gesto de silencio, nos quedamos “mudos”
  • Establezcamos “el bolso del domingo”: Allí colocaremos aquellas cosas con las que jugarán SÓLO el domingo. Si llevamos los juguetes con los que nuestros hijos juegan durante toda la semana, no les resultarán tan atractivos luego. Los juguetes NO deben hacer ruido (sonajeros, autos a fricción, muñecas que hablan quedan en casa). Pueden ser libros para pintar y crayones (para no tener que sacarles punta), libros silenciosos o de tela, algunos traen actividades y se pueden confeccionar en casa. Podemos aprovechar la revista Amigos para mirar las historias, pintar, buscar palabras/dibujos.
  • Podemos ponernos de acuerdo con las otras madres. Establecer el intercambio de juguetes puede ser la mejor opción para mantenerlos tranquilos. ¡Los niños siempre quieren los juguetes del otro! Si ninguna madre los deja correr por los pasillos del salón, ni subir al estrado, nadie tiene excusa para querer hacer lo mismo que sus amigos.

Debemos saber que es importante interactuar con los niños durante la reunión para que ellos se sientan cuidados y no empiecen a reclamar atención por medio de los berrinches. Si establecemos las normas con anticipación sabrán qué es lo que se espera de ellos.

Nosotros, como adultos, debemos tener la conducta de actuar conforme a lo que enseñamos. Si no nos dedicamos a mandar o revisar mensajes en nuestro teléfono celular, ni a cuchichear con otras personas, si no salimos del salón salvo cuando es absolutamente necesario, entonces quienes estén con nosotros actuarán de la misma manera.

“Como miembros de la Iglesia, nuestra primer responsabilidad es desarrollar en nosotros mismos el concepto de que el amor por Dios promoverá nuestros más profundos sentimientos de reverencia hacia Él. Todos debemos obedecer sus mandamientos tanto como inculcar a nuestros propios hijos a ser reverentes en nuestros propios hogares y en la Casa del Señor.”

El hogar es la clave de la reverencia, como lo es de todas las demás virtudes divinas. 

Notas:
1.- Pte. Marion G. Romney, Liahona junio 1982

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