Servicio caritativo: Organizarse para saber ayudar

Organizarse y prepararse para hacer las cosas en orden nos permitirá que podamos sentir que estamos en una ‘casa de Dios’, pues estamos cuidando a una de sus hijas.

Una de las cosas que más me sorprendió en cuanto entré a la Sociedad de Socorro, fue encontrar a tantas mujeres que hablaban de cuidar enfermos y atender a necesitados con naturalidad y muchísima experiencia. Cada una podía dar cátedra de cuándo y cómo ayudar. Eso me hacía pensar que ellas habían estudiado asistencia social, enfermería y nutrición.

Claro que mi asombro rápidamente se transformó en espanto al escuchar cómo se limpiaba la herida supurante de una operación de riñón. Entonces creí que jamás sería capaz de cuidar a nadie. Después aprendí que las tareas se reparten y que no se me iba a pedir lo que no sabía o podía hacer (no hay peor cosa que una desmayada en la casa de la convaleciente).

También aprendí que era necesario organizarse. Cuando fatalmente descubrimos que en la heladera de la madre parturienta hay cuatro fuentes de milanesas, o cuando, por el contrario, por un desacuerdo nadie fue a buscar a los hijos a la escuela, vemos que el atropello o las ansiedades por ayudar, quedaron truncas ante el pensamiento ‘seguro que fulana va primero’ (a nadie se le ocurre pensar que ‘fulana’ es una misma)

Ayudar de cualquier manera no sirve. Entonces entendemos que aplicar la escritura de Doctrina y Convenios también para esto es muy útil e imprescindible: “Organizaos; preparad todo lo que fuere necesario; y estableced una casa… de orden,” (DyC 88:119).

ORGANIZAOS:

La Sociedad de Socorro cuenta con una líder de Servicio Caritativo que es quien recaba la información sobre las necesidades de las hermanas. Las mismas que traen las hermanas ministrantes en sus informes o las que el obispo le comunica a la presidencia de la Sociedad de Socorro. También averigua de talentos y habilidades entre las hermanas para saber qué pedir y a quién en caso de necesidad.

Una hábil líder sabrá que no es bueno sobrecargar a las mismas hermanas siempre; que debe hablar primero con la familia, aunque seguramente la presidenta de la Sociedad de Socorro lo hace antes; que la familia será quien le diga a qué hora comen y qué alimentos consumen con regularidad (para que no aparezcamos con una comida súper elaborada cuando varias ensaladas hubieran sido suficiente); que las maestras visitantes, son quienes mejor conocen a la necesitada en cuestión, tienen una visión más completa sobre gustos, carácter, composición familiar, angustias, miedos y salud espiritual. Averiguará horarios en el hospital, casa o lo que fuere necesario.

PREPARAD:

El domingo todas damos ideas de lo que se puede hacer. Atropelladamente contamos anécdotas pasadas y damos consejos sobre la mejor manera de ayudar. Emitimos juicios sobre quienes y cómo se deben hacer las cosas y al finalizar la reunión nos vamos con la idea de que había que ayudar a alguien, pero no sabemos a quien. Para eso, la hermana encargada, expondrá el problema y las necesidades en un breve comentario. Y aclarará que hablará personalmente con las hermanas que pueden ayudar en ese momento.

Así podremos verla con un calendario en donde irá escribiendo nombres, horarios y actividad a realizar.
Una buena sugerencia es que una copia de esas anotaciones se le entregue a la familia de la hermana enferma, para que sepan quienes van a ir a su casa y dentro de que horario. Un número de teléfono también será necesario para avisar cambios de planes.

Una parte esencial de esta preparación, es aclarar a las hermanas el carácter de importancia que tiene esta ayuda. Nadie puede dejar de cumplir su parte, sin poner antes de sobre aviso a quien coordina el trabajo. Llegar tarde a reemplazar a una hermana que cuida un enfermo, puede no parecer algo importante. Pero si esa hermana a su vez tiene que salir para buscar a sus hijos a las clases de inglés, se convierte en algo imprescindible. El respeto por lo horarios y el compromiso tomado, son también una muestra de amor.

ORDEN:

Seguir las instrucciones también en muy importante. Algo que se da por sabido, muchas veces queda relegado por nuestro propio parecer. Recuerdo cuando las hermanas de mi barrio cuidaban a una hermana mayor que estaba postrada en cama. Debían moverla cada determinada cantidad de tiempo, había que limpiarla de una manera muy particular con determinados productos, debía comer una comida específica. Una vecina se sumó al grupo de mujeres que ayudaban. Como vivía en el mismo edificio, pensó que no era necesario que estuviera todo el tiempo presente. Así que se tomó unos minutos para ir a su departamento y hacer algo.
Cuando regresó, la hermana había querido darse vuelta y ante el esfuerzo físico la herida comenzó a sangrar y el dolor la hizo llorar.

La situación no era muy agradable. Los nervios y el susto pudieron más, y la vecina también se puso a llorar. Afortunadamente una joven adulta que debía llegar a reemplazarla lo hizo un rato antes y pudo manejar la situación.

Respetar a la familia incluye no inmiscuirse en temas familiares, no opinar ni cuestionar los tratamientos médicos, no ‘asesorar’ sobre lo que no se nos pide consejo. Pero también representa llegar con una sonrisa, traer buenas noticias y saludos, comentar cosas positivas, compartir las clases del domingo o leer un mensaje de la Liahona, escuchar mil veces la descripción de la operación o el tratamiento médico.

Hace unos años en mi asignación dada por la líder de servicio caritativo, me pidieron que visitase a una hermana enferma, para prepararle la comida. Como la conocía muy bien, llevé una Liahona muy vieja que encontré en casa y juntas leímos algunos artículos que tenían que ver con su clase de Seminarios (ella era la maestra). No sé quién saló más beneficiada del encuentro. Si ella, por la oportunidad de conversar, o yo por todo lo que aprendí y me reí. Mi idea era ir a hacer la comida. Pero su esposo ya había manejado el tema. Ella quería hablar. Lo cual también nos hace ver que a veces debemos adaptarnos a las circunstancias del momento.

Una fuente de canelones, una revista Liahona, guantes descartables para curar una herida, un jabón perfumado, un rato de silencio, la limpieza del cuarto, son algunas de las cosas que podemos ofrecer al ayudar.

Organizarse y prepararse para hacer las cosas en orden nos permitirá que, en cualquier lugar que estemos, podamos sentir que estamos en una ‘casa de Dios’, pues estamos cuidando a una de sus hijas.

Los comentarios están cerrados.