Entre Adioses y Hasta Luegos

Reflexiones sobre esos “Adiós” que no vimos venir, los “Hasta luego” que nunca volvieron y los nuevos “Hola” que nos esperan si nos soltamos

Recostada en la cama, luego de un almuerzo dominguero, casi a por caer en una profunda siesta, vinieron a mi mente algunas de las personas que antes estaban en mi presente, y que hoy en día por alguna causa que desconozco, ya no están ni siquiera en mi círculo cercano. Y no es que pasaron al otro plano de la vida, la muerte. Si no, por el simple hecho de que las decisiones de vida hicieron que nuestros caminos vayan tomando diferentes direcciones que se fueron distanciando poco a poco.

Saludos y despedidas encubiertos

Esos pensamientos me llevaron a preguntarme a cuántas personas, a lo largo de la vida,  les hemos dicho “Adiós”, sin saber que en realidad sería un “Hasta luego”, o les hemos dicho “Hasta luego” sin imaginar que sería un “Adiós”. A veces nos despedimos de una persona convencidos de que esa misma semana nos veremos o hablaremos, y entonces llega esa llamada indeseable e inesperada: un familiar nos avisa que ese amigo, al que despedimos con un “Hasta luego”, pasó al otro lado del velo, o viajó sin avisarnos, y se convirtió en un “Adiós”. 

También puede suceder como durante la pandemia de 2020, en la que mucha gente no alcanzó a decir “Adiós”, ni siquiera a las personas que quería y amaba, y de la mañana a la noche ya no estaban en el plano de lo cotidiano; tan solo quedaron formando parte de un recuerdo entrañable. Pero ojo, no se trata solo de la muerte, como mencioné más arriba. Nos encontrábamos tras pantallas, siempre con el miedo de que aquel “adiós” fuera el último.

Vínculos que se oxidan

Un día, al salir de cursar y esperando a que el micro llegara para volver a mi casa, comencé  a prestar atención a la conversación que oía atrás mío: hablaban dos amigas. Una de ellas decía que desde que su amigo estaba de novio, ya no podían juntarse en las típicas salidas de grupo, y que, además, casi ni hablaban. La última vez que lo había visto había sido casi un mes, o mes y medio, y ni siquiera se habían puesto al día de cómo iban sus vidas. 

Al escucharla, se notaba en su tono de voz que no le dolía solo haber perdido esas salidas con sus risas y anécdotas, sino que también sentía que, poco a poco, su amistad –ese puente que habían construido– se iba oxidando hasta quedar en un simple recuerdo.

Esa conversación me llevó a pensar que tal vez aquella última vez que se vieron fue un “Adiós” encubierto, cargado de miedos: el miedo de no querer perderse como amigos, pero  también el miedo de reconocer lo que estaban sintiendo. Quizás, por eso, no se animaron a decir “adiós” y eligieron, en cambio, un “hasta luego”. 

Bifurcaciones

También existe la posibilidad de que sí haya sido un “hasta luego”, dicho con la certeza de que volverían a verse, cuando en realidad ninguno de los dos alcanzó a percibir la verdad de la situación. Y así, hasta hoy, ninguno sabe nada del otro: sus caminos toman direcciones cada vez más lejanas, sin encontrar aquello que antes los unía.

A lo largo de la vida, mientras transitamos distintos caminos, vamos sumando nuevos participantes a nuestra historia: personas a las que les decimos “Hola” sin saber si serán pasajeras o si permanecerán con nosotros por mucho tiempo. Y también vamos despidiendo a aquellas que, de una forma casi poética, ya cumplieron su rol en nuestras vidas. Es hora de que tomen otros rumbos, sin saber hacia dónde irán, si crearán nuevos vínculos o si simplemente seguirán navegando en esta vida llena de sorpresas, de “Hasta luego” y de “Adiós”.

No solo nos despedimos de personas, sino también de espacios y etapas en las que nos movimos día a día, incluso durante años. Llega un momento en el que debemos salir de esa zona conocida y avanzar hacia otra que nos ofrezca mayor aprendizaje. De la secundaria a la universidad; de un trabajo como empleada a otro como supervisora; de un deporte a un hobby; de ser hija a ser madre; de ser desconocida a novia o esposa; de estudiante a trabajadora. Así, sucesivamente, atravesamos etapas que requieren un “Adiós” y no un simple “Hasta luego”.

Muchas veces también debemos decir “Hasta luego” o “Adiós” a ciertos círculos en los que nos movíamos porque alcanzamos una madurez que nos hace sentir que ese lugar ya nos queda chico. Y no hablo de sentirnos superiores, sino de reconocer que ya aprendimos lo que teníamos que aprender y necesitamos pasar a una nueva etapa, expandirnos, crecer y vincularnos con nuevas situaciones a las que también les diremos “Hola”.

Decisiones que requieren valor

Nunca sabremos cuándo un “Hasta luego” será realmente un “Adiós”, y nunca estaremos del todo preparados para ese último “Adiós”. Esa incertidumbre nos genera ese pequeño miedo a decir “Hola” a nuevas personas, experiencias o momentos que llegarán a lo largo de nuestras vidas.
Pero a vos… solo te digo “Hasta luego”, porque todavía quedan algunas líneas más de pensamientos que quiero compartir.

Crecer también es soltar

Crecer es un proceso, y no se nos da a todos de la misma forma ni en el mismo tiempo. Y no hablo del crecimiento físico. Crecemos cuando dejamos de ver las cosas como las veíamos de niños. Cuando entendemos que no todo es para siempre, pero que eso no le quita valor.

El otro día escuchaba a un psicólogo contar que se había reunido con sus amigos de la secundaria. Mientras estaba ahí, se dio cuenta de que ya no tenía sentido permanecer en ese lugar. No porque ellos fueran malas personas ni porque él se sintiera mejor, sino porque estaba en otro momento de su vida. Había crecido, había vivido experiencias que le cambiaron la mirada, y en ese grupo ya no se sentía parte de la misma escena que antes le resultaba tan familiar.

También decía que muchas veces, cuando volvemos al pueblo donde crecimos, nos encontramos con los recuerdos, con los lugares donde fuimos felices, con las calles que caminamos mil veces. Pero ya no somos esa versión de nosotros mismos que alguna vez estuvo ahí. Volvemos con otros ojos, con nuevas experiencias, con aprendizajes que nos transformaron.

Un viaje de encuentros y despedidas

Y ahí me puse a pensar que, muchas veces, necesitamos decir “Adiós”. Pero no para olvidar lo vivido, sino para abrazarlo con gratitud. Para mirarlo con ojos de aprendizaje y no quedarnos atados a lo que ya fue. Porque, si seguimos aferrados al pasado, no nos damos el permiso de convertirnos en lo que todavía podemos llegar a ser.

Tal vez de eso se trate crecer: de aprender a soltar sin enojos, de decir “Adiós” con el corazón en calma, de decir “Hasta luego” con esperanza y de decir “Hola” sin miedo, aun sabiendo que nada está garantizado.

Porque, al final, la vida es eso: un viaje lleno de bienvenidas y despedidas, donde no siempre elegimos cuándo empiezan o terminan los capítulos, pero sí podemos elegir cómo transitarlos. Con amor, con gratitud y con la certeza de que cada persona, lugar o momento que cruza nuestro camino nos deja algo… y también se lleva algo nuestro.

Aunque a veces duela soltar, recuerda esto: mientras sigas respirando, siempre habrá nuevos “Holas” esperándote más adelante. Después de todo, la vida no es más que un constante volver a empezar.

Y después de tantas despedidas y tantas bienvenidas, hoy te digo “hasta luego” y te dejo una pregunta para vos:  ¿De qué —o de quién— te estás despidiendo hoy, y a quién le vas a abrir la puerta mañana?

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